y ….. no comment:3
octubre 15, 2007, 3:45 pm
Filed under: Exit

Estoy tan cansada, me resulta tan difícil ponerme delante de un folio en blanco para recordar el día en que comenzó mi viacrucis hacia el apagado de mis sentidos y el principio de mi decadencia física. Lo que veis no ha sido siempre mi aspecto, hubo un tiempo en que mi cabeza estaba habitada por una frondosa y larga cabellera rubia, en que mis dientes eran tan blancos como los primeros copos de nieve del invierno, en que mi piel era suave y tersa como si cada día se regenerase con la misión de derrotar al paso del tiempo y en que mi cuerpo era firme y recto como la erección matutina de un adolescente. Por eso, si existe alguna razón por la que os cuento este relato es para preveniros de que cualquier paso que deis, de que cualquier inhalación que hagáis, puede suponer el inicio de un camino sin retorno hacia un vacio en donde los sabores y los aromas dejarán de pervivir tal y como los conocemos, y en donde nuestro cuerpo estará invadido por un maloliente y podrido hedor que nos irá minando hasta el fin de nuestros días.

Todo pasó en uno de esos días de verano en los que te levantas de la cama sin el peso de tener que cumplir ningún deber diario ni de saldar cuentas con alguien. Agotada de recorrer las calles una y otra vez sin encontrar destino al que llegar, decidí sentarme en un banco de tantos que hay en esta ciudad. Cuando me senté, a mi lado apareció un tipo de decrépito aspecto que me recorrió con la mirada de abajo a arriba hasta detenerse en mis ojos. De cuerpo delgado, cubierto todo por un grueso abrigo de pana blanco, sus hombros eran estrechos y su cabeza tenía una forma aplatanada que a cada movimiento brusco que ejecutaba parecía que fuese a desgarrarse del cuello y precipitarse al suelo. Antes de incorporarme para alejarme de allí y proseguir mi camino me sonrió tiernamente con sus 32 piezas de dientes podridas, un filtro por el que pasó su aliento antes de verterlo sobre mí. Ahí comenzó mi condena…

Al instante sentí ese olor introducirse por mi nariz, recorrer toda mi tráquea y depositarse en mis pulmones, y como si se tratase de un proceso de regurgitación volver a subir a través de mi laringe para parasitar por mi boca el resto de mis días. El proceso de posesión había terminado de forma rápida e indolora. Mi cuerpo, mi sangre, mi interior, mi vida, todo pasó a ser controlada por esa peste, mi propio olor me producía arcadas y nauseas, mi piel se volvió amarillenta e invadida por esas manchas mortuorias, tan típicas de los que han vivido demasiado y únicamente les toca esperar.

Cuando levanté mi cabeza en busca de alguna explicación de lo sucedido él ya no estaba. Gire mi cuerpo una y otra vez, aturdida, buscándolo entre la multitud de gente, pero su presencia física se había evaporado, dejándome impregnada de aquel nauseabundo aroma.

El resto de mi historia es desesperación, rencor, múltiples planes de venganza nunca llevados a cabo simplemente porque mi cerebro no me deja accionar ese mecanismo vengativo de mi naturaleza, y años de estar confinada entre el suelo y el techo de esta casa.


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