y ….. la ranchera de Arriaga e Iñárritu
abril 10, 2007, 10:48 am
Filed under: Artículos

Arriaga vs Iñárritu

Parecían una de las parejas mejor avenidas del cine actual cuya complementariedad llegaba a los límites más elevados. Guillermo Arriaga, como guionista, imprimía una coherencia capaz de encauzar matices distintos e historias separadas en un mismo sentido, y Alejandro González Iñárritu demostró ya desde su primera colaboración una madurez simbiótica sabiendo poner las imágenes adecuadas a cada episodio de la acción con una forma de rodar única acelerando los movimientos de cámara o reduciendo la duración de los planos según lo que quisiese mostrar, y sabiendo echar mano de los scores de Gustavo Santaolalla para crear momentos de profunda interioridad.

Pero tras su última colaboración han surgido los problemas. Al parecer, Arriaga defiende que es el autor en solitario de Babel, cosa que ha molestado bastante a Iñárritu. Desde que Arriaga hizo dichas afirmaciones, la relación de ambos no ha ido por muy buen camino, incluida su separación artística. Así la cosa, lejos de mejorar, parece que va a peor tras la decepción de los Oscar. Lo último ha sido que Alejandro y otros participantes de Babel, como Gael García Bernal, Adriana Barraza y Gustavo Santaolalla, han firmado una carta donde critican a Arriaga. Escriben: “Es una pena que en tu injustificada obsesión por acaparar toda la responsabilidad de la película, no reconozcas que una película es un arte que requiere de una profunda colaboración”.

Desde Amores Perros, su primer encuentro cinematográfico, ambos han representado uno de los mayores soplos de aire fresco que han llegado a la pantalla grande en los últimos años. Con un pie en el cine independiente pero, desde 21 gramos, sin desdeñar el potencial que la presencia de estrellas podía dar a sus propuestas, estos dos autores han ido construyendo una particular trilogía, la trilogía del dolor, que se cerró en el 2006 con Babel.

Amores Perros (2000) es su opera prima en conjunto. En ella seis personajes sufrían una peligrosa transformación, escalofriante metamorfosis que genera en el ser humano el dolor y la aflicción de una fragilidad encontrada en unas vidas impregnadas de un pesimismo hallado en el trágico destino del fatal accidente automovilístico que les une. Lo grandioso de la cinta es como refleja realidades muy comunes en todos nosotros, pero llevadas al extremo.

Del 2003 es 21 gramos, con la que Amores perros tiene varios puntos en común. Ambas narran tres historias entrecruzadas, tres vidas marcadas por el dolor, la necesidad de afecto y la ausencia de felicidad. Aquí Iñárritu y Arriaga exploran las aciagas vidas de tres personas que entretejen sus realidades precisamente por otro accidente que cambiará sus destinos de forma imprevista. Este accidente abrirá a los tres protagonistas nuevas perspectivas de vida, pero en una constante espera de otra muerte, de un nuevo final. Un ciclo de muerte que se va transmutando continuada e ineluctablemente. Un drama de ferocidad cinematográfica capaz de transformar un guión en exceso telefílmico y sin aparente atractivo en una obra de genial narración desestructurada, en el que el buen pulso del montaje y una dinámica de planificación acomodada al estilo del realizador. Un trabajo imperfecto pero virtuoso, previsible pero fascinante.

Babel (2006), al igual que Amores perros y 21 gramos, se estructura episódicamente con varias historias concatenadas, ahora sucedidas en apartados lugares de un mundo globalizado, con situaciones límite en las que aflora la fragilidad y vulnerabilidad de unos personajes puestos a prueba. Ambicioso en lo temático, porque si en las anteriores entregas ofrecían un diagnóstico de la situación del individuo contemporáneo, atrapado en la soledad e incomunicación y refugiado en una aparente civilización que, sin embargo, no está muy lejana de los impulsos más primarios y violentos, en ésta pretenden, ni más ni menos, elevar ese diagnóstico a una escala global. Y la propuesta, aun llena de momentos de buen cine, no acaba de cuajar.

En suma, la trilogía del dolor se cierra y la relación entre Guillermo Arriaga y Alejandro González Iñárritu se apaga, al parecer, para siempre.


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