y …. sobre ideologías, artistas y cazas de brujas
abril 4, 2007, 10:20 am
Filed under: Artículos

Joseph McCarthy

Durante el período conocido como caza de brujas, protagonizado por el senador católico Joseph McCarthy con el objetivo de perseguir la incursión comunista en Estados Unidos, la gran nación democrática bordeo la tentación fascista, al pasar por un período inquisitorial durante el cual muchos ciudadanos inocentes sufrieron persecución por simples sospechas.

Antes del apogeo del mccarthysmo (que tuvo su esplendor entre 1950 y 1953), uno de los episodios más célebres y funestos llevados a cabo por el Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso (HUAC) fue la caza de brujas que se llevó a cabo en Hollywood, donde el Comité sobre Actividades Antiamericanas presidida por J. Parnell Thomas obligó a firmar declaraciones juradas, produciéndose oscuras afirmaciones arbitrarias y dudosas declaciones de gentes atemorizadas por la supuesta amenaza global del comunismo. Comenzó por aquel entonces una beligerante campaña de acusaciones, interrogatorios y comparecencias de cineastas, guionistas y actores de Hollywood.

El hecho de centrar su foco de atención en la Meca del cine les proporcionó a los miembros del Comité una extraordinaria publicidad. Convocados a declarar 41 sospechosos, 19 de ellos se negaron a comparecer. En apoyo de los que fueron denominados como testigos inamistosos se movilizó el denominado Comité de la Primera Enmienda, que integró a cerca de 500 profesionales del cine. En esa circunstancia defendieron la libertad figuras famosas, como Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Gregory Peck, Katherine Hepburn, Kirk Douglas, Burt Lancaster, Gene Kelly, John Huston, Danny Kaye. Del otro lado estaban los que colaboraron con el Comité apoyando la iniciativa anticomunista, denunciando a otros cineastas y pronunciando además dis­cursos patrióticos de tono anticomunista, podemos mencionar a John Wayne, James Stewart, Gary Cooper, Clark Gable, Ronald Reagan, Barbara Stanwyck, Ginger Rogers o directores como Leo McCarey, Cecil B. De Mille, Victor Fleming, Frank Capra o incluso Walt Disney. En este caos de inculpaciones, aparecieron también delatores que ofrecían nombres de simpatizantes comunistas. Jack L. Warner, Robert Taylor y Adolphe Menjou, Gary Cooper, Elia Kazan, Lee J. Cobb, Leo Towsend. Este grupo amigo del Comité sobre Actividades Antiamericanas hirieron gravemente al cine de la época con sus acusaciones, muchas veces infundadas, que llevaron a que diez miembros de Hollywood se negaran a declarar, por sus conexiones con la ideología comunista; los conocidos como Los 10 de Hollywood: el director Edgard Dmytrk, el productor Adrian Scott, los guionistas Alvah Bessie, Herbert Biberman, Lester Cole, Albert Maltz, Ring Lardner Jr., John H. Lawson, Samuel Ornitz y Dalton Trumbo, fueron repudiados por la industria y encarcelados durante meses. Quienes se habían negado a responder, junto con otras 240 personas, fueron puestos en listas negras y sufrieron en mayor o menor grado en sus carreras profesionales el hecho de haber tenido amistades supuestamente poco recomendables, aunque la mayoría de ellos no tenían nada de comunistas. Figuraron entre los presuntos subversivos personas como Edward G. Robinson, Orson Welles, Charles Chaplin, Leonard Bernstein, Pete Seeger, Robert Rossen, Joseph Losey, Jules Dassin, John Huston, Orson Welles, Fritz Lang o Luis Buñuel tuvieron que expatriarse a Europa o desaparecer hasta el final del mccarthysmo por miedo a represalias políticas, y porque en esa lucha entre el Comité sobre Actividades Antiamericanas y el Comité de la Primera Enmienda, la posición de la industria del cine, con la negativa de trabajo a los sospechosos, decantó la balanza produciendo deserciones en las filas de los defensores de la libertad.

Este periodo de la historia supuso un duro golpe para Hollywood y el mundo de la cultura norteamericana puesto que se calcula que hasta 1953 más de 2.000 personas relacionadas con el mundo del arte, el cine, los medios de comunicación, la literatura y la ciencia fueron condenadas al ostracismo social y profesional.

Tras la caída del mccarthysmo, todo había cambiado radicalmente en Hollywood. El clima de miedo se había instalado por completo en la industria, muchos emigrados a Europa no volvieron, otros fueron perseguidos y vetados durante años por las productoras, hubo incluso quien había muerto por la presión ejercida por el clima de persecución (el actor John Garfield), y hubo, en fin, quien siguió con su trabajo como quien no quiere la cosa. Como Elia Kazan o Edward Dymitrick.

Elia Kazan en enero de 1952, cuando el mccarthysmo lo invadía todo, fue llamado a testificar ante el Comité. Se le formuló la consabida pregunta: ¿era o había sido miembro del partido comunista? El autor de películas de tanto renombre como Un tranvía llamado deseo y ¡Viva Zapata! admitió que había pertenecido al Partido Comunista de 1934 a 1936, pero, al ser acosado con otras preguntas por la comisión investigadora, declaró que, si bien estaba dispuesto a hablar de sí mismo, se negaba a dar los nombres de otros comunistas o ex comunistas. Se lo acusó de encubrimiento. Se le sometió a toda clase de presiones. Se le amenazó desde diversos sectores. Hasta que, abrumado, se presentó de nuevo el 11 de abril ante la comisión para reconocer que, con su declaración anterior, había servido los intereses del comunismo. Y dio nombres, los de quienes había conocido como integrantes de una célula comunista: el dramaturgo Clifford Odets, los actores Morris Carnovsky y J. Edward Bromberg, entre otros.

Por su parte Edward Dymitrick, quien tras ser condenado a seis meses de cárcel decidió, ya en prisión, confesar su militancia comunista y su arrepentimiento, proporcionando una lista de 26 correligionarios de partido. Con esta claudicación pública salió en libertad y encontró trabajo inmediatamente.

El principio del fin de las listas negras se sitúa en 1960 con el film Espartaco de Stanley Kubrick. Gracias a la valentía y a la presión que ejercieron los actores de la película -Kirk Douglas (también productor), Laurence Olivier, Peter Ustinov y Charles Laughton- sobre la Universal, Dalton Trumbo, que había escrito el guión, pudo firmarlo con su verdadero nombre y no con seudónimos como estaba obligado a hacer para poder trabajar. Así Espartaco se convierte en la primera película, después de la caza de brujas del senador McCarthy, en el que el nombre de un condenado por el Comité aparecía en los títulos de crédito y a toda pantalla. Y por eso no es de extrañar el claro mensaje ideológico que nos transmite Dalton Trumbo; la vida en libertad es el anhelo que persigue todo ser humano, una libertad que no puede ser coartada ni obstaculizada por las diversas formas administrativas y legislativas de los estados.


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