y ….. made in Ghibli
marzo 26, 2007, 1:03 pm
Filed under: Artículos

 

Estudio Ghibli

Hoy era el día más esperado desde que por aquel entonces mes de febrero comenzamos nuestra andadura en la red; a esta hora y después de 20 horas de viaje en avión tendríamos que estar entrevistando al gran Hayao Miyazaki en su casa de Tokio. Sin embargo una inoportuna epidemia de gripe en la redacción ha hecho que mi equipo y yo tengamos que posponer ese encuentro para otra fecha. Pese a todo hemos podido conseguir que Hayao nos hiciese un pequeño repaso de los trabajos llevados hasta este momento en el Estudio Ghibli. El resultado es, tras una ardua y dura traducción del japonés al castellano pasando por el inglés, un artículo que recoge algunos de los momentos más brillantes y lúcidos de la historia de la animación mundial.

1984 se estrena Nausicaa del valle del viento superando todas las expectativas económicas que habían depositado en ella tanto Hayao Miyazaki como Isao Takahata. Es el comienzo y la primera piedra para la fundación y el nacimiento del Estudio Ghibli.

Quizá para ubicar a estos dos creadores hay que hacer un recorrido por su etapa pre-ghibli. Series de televisión tan populares como Heidi, Marco, Conan, el niño del futuro, Ana, de Tejas Verdes, Lupin III, Las Aventuras de Sherlock Holmes han salido de su cabeza o al menos han dejado en ellas sus concepciones estilísticas reinventando personajes con una identidad propia en el mundo de la literatura o del manga. Además son un anticipo de todo un estilo y una temática que luego desarrollarían a lo largo de su obra ghibliana: una animación naturalista, sensual, contemplativa, en la temática, en los gestos y en los escenarios. Y todo ello sin recurrir a la acción ruidosa y fantástica (futurista, en lo posible) que se creía que una serie de animé requería para triunfar.

Salto en el tiempo y nos situamos de nuevo en 1984 cuando se produce el bautizo del Estudio Ghibli. Su nombre deriva del apodo que los italianos usan para sus aviones de exploración del Sahara en la Segunda Guerra Mundial, el cual procede de la palabra italiana usada para el viento caliente que sopla en el desierto del Sahara. La teoría detrás del nombre era que ellos estaban soplando un nuevo viento en la industria del anime.

Como decía antes, Nausicaa es el inicio pero también marca la aparición de dos amigos de Miyazaki, que tendrán un papel fundamental en Ghibli: Joe Hisaishi, que en adelante pondrá música a todas las películas de Miyazaki, y Toshio Suzuki, que será productor general y presidente de Ghibli hasta hoy.

Tras la creación empieza la producción y a partir de entonces el estudio Ghibli adquirirá renombre mundial, produciendo con regularidad largometrajes de una rara calidad y una concepción artística sui generis. En ellos se recogerán las influencias de diferentes mitologías, cuentos y leyendas de todas las partes del mundo pero vistas desde una visión japonesa. Con personajes entrañables y únicos situados en espacios atemporales, desde heroínas femeninas a fuegos parlantes, y siempre con la idea de que todo objeto puede ser animado y darle una personalidad propia. En total son quince películas (más algunos pocos cortos), de las cuales siete (ocho si incluimos Nausicaa) fueron dirigidas por Miyazaki, y cuatro por Takahata.

Laputa, el castillo en el cielo (1986) es una película de acción, con una paleta colorida y cálida, que marca progresos en la animación y la música. Se afirman los elementos característicos de Miyazaki: escenas de vuelo, escenarios deslumbrantes, una pareja de protagonistas con un carácter femenino típicamente enérgico y sensible.

En 1988 se estrenan simultáneamente La tumba de las luciérnagas, de Takahata, y Mi vecino Totoro, de Miyazaki. La primera se ha convertido en la película más célebre de Takahata; una historia trágica de dos huérfanos a fines de la segunda guerra mundial, animada con realismo y delicadeza. Totoro, por su lado, en su sencillez idílica es quizás la obra más feliz de Miyazaki, la preferida por los niños y por muchos adultos; una cumbre de perfección en su línea que además proveería al estudio de su logo característico… y de una impensada fuente de ingresos por el merchandising…

Nicky, la aprendiz de bruja (1989), otra de Miyazaki con un tono alegre y sin violencia demuestra un dominio completo de la animación. Película que marca la estabilidad financiera del estudio y el inicio de proyectos artísticos más arriesgados.

Con Solo ayer (1991) Takahata ratifica su inclinación por la animación naturalista y la experimentación. Película evocativa y adulta, cada vez más lejos del anime “mainstream”, es poco conocida fuera de Japón, acaso por sus frequentes alusiones a la cultura japonesa y no estar destinada al público infantil.

Porco Rosso (1992) empezó como un corto de Miyazaki, para una línea aérea, y terminó siendo una de sus películas más libres y personales. Es la historia de Marco Pagotto, un piloto de hidroavión que a causa de un hechizo tiene la apariencia de un cerdo y que sobrevive entre una aventura y otra y sus enfrentamientos con diferentes piratas del aire durante la posguerra de la I Guerra Mundial.

El desarrollo del estudio continuaba y su importancia crecía. De ahí que Ghibli tratase de buscar talentos jóvenes con vistas a continuar en el futuro la obra de Miyazaki y Takahata; por distintos motivos, la cosa resultó más difícil de lo esperado. Bajo esta premisa en 1993 asignaron a Tomomi Mochizuki la dirección de Puedo escuchar el mar una película para TV. A pesar del buen resultado artístico en términos económicos-empresariales el proyecto fue un fracaso. Se trataba de una película de temática realista, sobre un triángulo de adolescentes, que no fue bien recibida por el público nipón.

Con La guerra de los mapaches de Pom Poko (1994) Takahata aborda una temática ecologista y folklórica, con una animación estupenda y una efectiva resolución argumental. La historia se centra en la defensa de la montaña donde viven los tanuki, montaña que los humanos están devastando para construir pisos y zonas residenciales ante el crecimiento de la población en Tokyo. Cada vez va quedando menos de montaña, de árboles, de comida para los tanuki, en definitiva, de su casa. Le declaran la guerra a los humanos y lucharán con sus medios para defender el bosque.

Miyazaki participa también en trabajos menores, como cortos publicitarios para TV; en 1995 dirige On your mark, una especie de video-clip de seis minutos para un grupo de música pop-rock.

Yoshumi Kondo era una de las promesas de sangre joven para Ghibli. En 1995 dirige Susurros del corazón, basada en un manga romántico, con guión y producción de Miyazaki. El resultado es excelente, la película es hoy considerada una de las mejores de Ghibli. Pero, por desgracia, Kondo muere prematuramente en 1998.

Ya establecido como una de los grandes puntos de referencia de la animación mundial, en 1996 Disney acuerda con Tokuma la distribución de todas las obras de Ghibli en el mundo occidental (exceptuando La tumba de las luciérnagas y Susurros del corazón).

En 1997 Miyazaki idea, dibuja y dirige lo que sería hasta ese momento fue su cénit como director. La Princesa Mononoke es una historia de pura acción, ambientada en un mundo fantástico y autodestructivo, en donde prima la rivalidad y la anarquía, y que para evitarlo aparecen de vez en cuando héroes o heroínas, en este caso, como la princesa Mononoke, encargados de traer el equilibrio a un mundo dominado por las oscuras fuerzas del mal.

A su vez, Mis vecinos los Yamada (1999) acaso sea el canto de cisne de Takahata. Si es así, repite el resultado de su primera película (Horus): un gran éxito de crítica y un gran fracaso de público, de duras consecuencias para el estudio. Basada en una tira de historietas, de un humorismo familiar costumbrista y episódico, lo más sorprendente (y tal vez lo que motivó el desinterés del público ghibliano) es el estilo de dibujo, de una engañosa simplicidad, con líneas difuminadas y colores pastel, lejos de la estética tradicional de Ghibli y más alejado aún del anime más tradicional.

Ghiblies (2000) es un corto de veinte minutos, delirante, experimental y desparejo, sobre el propio Estudio Ghibli. Dirigido por Yoshiyuki Momose, para un especial de TV. En 2002 tendrá una secuela : Ghiblies 2.

Miyazaki volvió con El viaje de Chihiro (2001), película muy original y rica, sobre un guión propio, un éxito que superó a Mononoke, y que, por primera vez, tuvo repercusión masiva en el exterior. Ganó el Oscar a la mejor animación. En ella Miyazaki disecciona la mitología del cambio convirtiéndola en un hermoso cuento de brujas para todos los públicos: un viaje iniciático, intemporal, subyugante, donde no hay lugar para el respiro y donde las soluciones imaginativas se suceden incontrolables en dos horas de Cine talentoso, perspicaz e inmejorable al compás de la magistral partitura de Joe Hisaishi.

Haru, El reino de los gatos, del año siguiente, es otro intento de Ghibli para abrir el juego. Dirigida por Hiroyuki Morita. Sin más pretensión que la de entretener, es una película sencilla y simpática, que se puede considerar un spin-off de un título anterior del estudio, Susurros del corazón, ya que recupera a los dos personajes gatunos de aquella, Barón y Muta. Ambas están basadas en sendos mangas de Aoi Hiiragi. Cuenta con la genial animación y los bonitos escenarios a los que el estudio nos tiene acostumbrados, y una banda sonora que, aunque esta vez no es de Joe Hisaishi, es igual de magistral.

El castillo ambulante (2004) sobre un libro de Diana Wynne Jones, empezó dirigida por Mamoru Hosoda, pero ante su deserción Miyazaki tomó las riendas. No fue tan bien recibida por los críticos como Chihiro, por su argumento algo enmarañado. Aun así su belleza visual es abrumadora, llena de una fantasía desbordante, con momentos maravillosos, escenas increíbles, personajes entrañables y repleta de temas recurrentes en la filmografía de Miyazaki.

Finalmente, Cuentos de Terramar (2006) dirigida por el hijo de Miyazaki, Goro Miyazaki, a pesar de la oposición de su padre. Por primera vez la base del guión no es original, sino que se basa en la novela clásica de la literatura fantástica escrita por Ursula K. Le Guin y titulada La costa más lejana, que forma parte de su saga de historias sobre Terramar, archipiélago imaginario en el que habitan dragones, magos, espectros, y sobre todo personas a los que la magia no les resulta anormal.

El futuro del Estudio Ghibli pasa por Gake no ue no Ponyo (Ponyo On A Cliff) que se estrenará en el verano del 2008. La historia corre a cargo de Hayao Miyazaki en ella relaciona a un niño de 5 años, Sosuke, con la Princesa Ponyo, un pez de colores que quiere convertirse en humano


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