y ….. Jem Cohen, con hache
febrero 12, 2007, 4:31 pm
Filed under: Artículos

Hay algunas filmografías que, por considerarse marginales, sólo se pueden acceder a ellas gracias a la red p2p de intercambio de archivos. La proyección de estas películas queda reducida a retrospectivas en festivales o a salas de arte y ensayo ganándose de esa forma el calificativo de “raros”. Incluso este hecho se ve agravado si se vive en una ciudad donde toda la cultura está controlada por instituciones privadas y cuyas miras no van encaminadas hacia una cultura digamos “diferente”. Es entonces cuando internet pasa a ser el único medio posible para contemplar obras fílmicas. Este es el caso de los trabajos realizados a lo largo de su vida por el inclasificable, en términos de cinematografía clásica, cineasta norteamericano nacido en Kabul Jem Cohen.

Mediante una filmación que prescinde de puesta en escena, actores, diálogos y entrevistas Cohen halla rastros poéticos de una sensibilidad contenida, pequeñas historias que definen todo un mundo y que alcanzan toda su densidad en la moviola, en la cautivadora facilidad con la que empalma sus imágenes, alcanzando sentido y significado.

Su interés por la música independiente americana de los años ochenta y noventa le ha llevado a realizar videoclips y reportajes musicales para gente como Fugazi (el documental Instrument (1999)), R.E.M (entre otros el video-cortometraje para Nightswimming), Elliott Smith, Blonde Redhead, Sparklehorse o Godspeed You! Black Emperor. A todos ello les da la esencia de su estilo experimental, en donde simplemente deja que la cámara filme el fluir del tiempo, el día a día de los protagonistas, de los paisajes urbanos, de los rostros marcados…

Pero donde su estilo se hace todavía más patente es tanto en sus experimentales documentales autorreflexivos -conformados por obras como This is a story of New York. The Golden Dark Age of Reason (1987), Lost Found Book (1996) o Benjamin Smoke (2000)- como en su largometraje de acercamiento a la ficción Chain (2004). Apreciamos su gusto por la imagen con grano y esa variedad de texturas que otorga a sus obras ese aire inequívocamente underground. Cohen le da a sus obras un halo de misterio, un rastro de memoria, que parece frenar el estrés colectivo para hallar espacios reflexivos, de detenimiento y comprensión. Por lo que respecta al sonido el cineasta realiza unos montajes sonoro milimetrados (discursos de predicadores, emisoras de radio, altavoces…), que sugieren continuamente ambientes hipnóticos, remitiendo a las imágenes de modo transversal.

Videoclips, documentales y películas unidos entre sí por la visión fílmica-ensayística de Cohen. Su cámara está ahí para retratar, para hacer una parada en el tiempo y filmar el momento. No importa la espera puesto que es una porción de lo cotidiano, de nuestras vidas.


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