Y ….. más allá del biopic
enero 30, 2007, 11:53 am
Filed under: Artículos

Actualmente, ante la falta de ideas de un Hollywood en decadencia -sin perspectiva de vida más allá de las taquillas-, ha nacido un nuevo género denominado por muchos como biopic, palabra nacida de la contracción de biograph y picture. Lo cierto es que a lo largo de la historia del cine ha habido siempre películas que han dado a conocer o reivindicado diversas figuras, históricas o no tanto, por lo que hay que asumir que este género siempre ha estado presente a pesar de no conocerse como biopic. Quizá esta nueva etiqueta responde a que hoy en día prácticamente todos los biopics siguen la misma línea básica de argumentación: ascenso, caída y redención. Sólo hay que echarle un vistazo a películas recientes como En la Cuerda Floja o Ray para darse cuenta que todas ellas están confeccionadas por un mismo patrón.

Así las biopics pueden estar consagradas a políticos, artistas, científicos, bandidos, músicos, reyes, pornógrafos, generales, presidentes, deportistas, gangsters o cardenales. Pueden apuntar a grandes figuras de la historia (El Cid, Catalina la Grande, Alejandro Magno, Mozart, Freud) o a seres comunes que alcanzaron notoriedad por sus pequeñas epopeyas, sus extravagancias o sus crímenes. En estos casos, si el rostro es menos popular, conviene integrar al metraje entrevistas y noticias que refresquen la memoria, o sencillamente hacer aparecer al personaje real en la película, siempre que eso sea posible, claro.

En algunos casos el biopic traspasa la ficción cinematográfica y los actores se adueñan de aquellos personajes a los que interpretan, robándoles el físico y el rostro. Ejemplos claros son Kirk Douglas (su rostro está unido a tres figuras históricas: Espartaco, Van Gogh y Doc Holliday), Paul Muni (quien prestó su rostro a cuatro personajes diferentes en Scarface (1932), La gran tragedia de Louis Pasteur (1936), La vida de Emilio Zola (1937) o Juárez (1939)), o Elizabeth Taylor (simplemente Cleopatra). Interpretaciones que se ven ayudadas en muchos casos por el poco registro de imágenes y de testimonios que tenemos de ellos, por lo que cualquier composición física o gestual del actor se toma como propia del personaje.

Eso no quita que también nos encontramos con grandes trabajos actorales sobre personajes fácilmente reconocibles, presentes en libros o en películas. Aquí podemos mencionar interpretaciones como Denzel Washington en Malcolm X (1992), Paul Giamatti en American Splendor (2003), Johnny Depp en Ed Wood (1994) o Philip Seymour Hoffman en Truman Capote (2005).

Caso contrario son aquellas interpretaciones que lejos de integrarse en la historia producen un rechazo, posiblemente porque los actores no son capaces de identificarse con el personaje que interpretan y sus trabajos quedan como auténticos ejercicios de imitación esperpéntica, aquí colocaríamos: Will Smith en Ali (2001), Val Kilmer en The Doors (1991) o Nicole Kidman en Las Horas (2002).

Extraño es el caso de películas como Fellini, ocho y medio (8 1/2) (1963) o All That Jazz (1979) puesto que son autobiopics. En ellas Federico Fellini y Bob Fosse eligen a Marcello Mastroianni y a Roy Scheider para que hagan de Federico Fellini y de Bob Fosse respectivamente. El resultado son dos obras maestra, dramas existenciales de ironía mordaz. Fellini y Fosse son capaces de desnudar sus almas, sus obsesiones y sus deseos, para mostrarnos un retrato en donde la culpa, la soledad y su arrogante hedonismo se muestran sin ninguna clase de filtro, quedando todo en una honesta humanización del artista.

Para finalizar destacar aquellos biopics que utilizan su fuerza narrativa para componer personajes ficticios pero que bien podrían haber existido. Son historias en las que los protagonistas aparecen vinculados a hechos y personajes históricos conocidos y con los cuales interactúan. Así sucede, por ejemplo, en Zelig (1983) de Woody Allen, en la que se narra la vida de un hombre carente de personalidad que adapta tanto sus ideas como su apariencia a las personas de su entorno. Otro tanto puede decirse del documental La verdadera historia del cine, que indaga sobre la figura del inexistente director neozelandés de la época muda Colin McKenzie. También pueden hallarse recursos propios del género biográfico en otras cintas como Pequeño Gran Hombre (1970) o Velvet Goldmine (1998).

Está claro que falta por mencionar muchísimas películas y grandes interpretaciones puesto que el biopic es un género tan viejo como el cine. Incluso películas que en un principio no parecen serlo pues resulta que sí lo son. Aquí os dejo un link a imdb sobre una lista de biopics.


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