Y….. Hal Asbhy
enero 28, 2007, 4:08 pm
Filed under: Artículos

“Ashby era el más verdadero de todos los directores de los setenta, y el único con verdadero talento. Fue víctima de Hollywood, la gran tragedia de Holywood” (Peter Bart)

Seguramente todos hemos visto alguna vez una película de Hal Asbhy sin saberlo. Surgido de aquel grupo de directores que en los setenta abrieron nuevos caminos para el cine norteamericano, nunca se caracterizó por tener un estilo propio y distinguible que sí consiguieron otros compañeros de su generación como Coppola (con historias megalómanas y excesivas), Scorsese (la nerviosidad presente en sus movimientos de cámara y sus diálogos) o incluso Spielberg (definidor del cine contemporáneo como espectáculo puro). El humor negro, la crítica política o la sátira social fueron temas recurrentes a lo largo del cine que Ashby filmó en los setenta, más en concreto del 70 al 79, antes que los nuevos aires conservadores llegados a los Estado Unidos en los ochenta lo enterrase en los Grandes Estudios, condenando a uno de los grandes genios del cine a realizar películas menores alejadas de su valía como director.

Nacido el 2 de septiembre de 1929 en Ogden, Utah (Estados Unidos). Su primera aparición en unos títulos de crédito sería en la película Los Seres Queridos (1965) de Tony Richardson, a la que seguirían varios títulos dirigidos por Norman Jewison. Su relación con este último merece especial atención, Jewison lo cobijó bajo su ala proporcionándole a Ashny la oportunidad de convertirse en un montador prestigioso en películas como El Rey del Juego (1965), El Caso de Thomas Crown (1968) o ¡Qué Vienen los Rusos! (1966), trabajo en este último por el que fue nominado a los Oscar. Premio que lograría en 1967 por el film de Jewinson En El Calor de la Noche, este reconocimiento a su montaje lo colocaba en primera fila de Hollywood. Afianzado ya como técnico dentro de Hollywood, Jewison, lleno de trabajo, le pidió a Ashby que lo sustituyera al frente de en un proyecto titulado El Casero (1970) obra que se reía del racismo y de la intolerancia e interpretada por Beau Bridges, Lee Grant y Diana Sands.

No tardaría en convertirse en un realizador de culto gracias a su siguiente película, Harold y Maude (1971), película guionizada por Colin Higgins y en donde se nos presenta una de las parejas más insólitas y extravagantes de la pantalla, unos amantes cinematográficos distintos a cuantos hayamos visto. Bud Cort es Harold, un joven rico y obsesionado en el tema de la muerte y Ruth Gordon es Maude, una anciana encantadora que tan solo ve buenas intenciones en el mundo y que trata de aprovechar cada minuto de su vida llevándola a situaciones extremas. Y además otro punto a su favor, la música a cargo de Cat Stevens.

En 1973 se pone de nuevo detrás de la cámara para dirigir un guión de Robert Towne, El Último Deber. En ella Jack Nicholson y Otis Young, dos oficiales de la marina norteamericana, tienen la misión de trasladar a un joven marino, interpretado por Randy Quaid, a la prisión naval de New Hampshire. Se trata de una road movie en toda regla, un viaje que sirve para que los protagonistas ahonden en ellos mismos, en sus recuerdos y se replanteen su futuro. Ashby incide en un tema recurrente a lo largo de su filmografía: el individuo, en este caso tres marines, ante una sociedad, simbolizada en el ejército, a la cual han de adaptarse para poder permanecer en ella.

En 1975 vuelve a colaborar con Robert Towne para dirigir Shampoo, su primera película de estudio y que cuenta entre sus protagonistas con estrellas como Warren Beatty, Julie Christie, Goldie Hawn o Jack Warner. A pesar de ser su peor film de los setenta mantiene ese tono de sátira social tan característico de su obra, esta vez de fondo con Beverly Hills y la música de Paul Simon.

En 1976 lleva al cine la vida del mítico cantante de folk Woody Guthrie en Esta Tierra es mi Tierra, encarnado por David Carradine. Ashby se vale de este músico para hacer un retrato de la Gran Depresión, cuando Guthrie recorrió América en ferrocarril tomando conciencia de la miseria y explotación imperante en esos tiempos. A lo largo de su viaje Guthrie ve en su música una forma para reivindicar los derechos civiles de una sociedad sin esperanza. Estamos ante otro retrato de superación del individuo ante una sociedad que trata de domarlo.

Con El Regreso (1978) logra su película más conocida para el gran público. Para ella cuenta con Jon Voight, Jane Fonda (ambos ganaron el Oscar), Bruce Dern y Robert Carradine. Ashby se vale de un triángulo amoroso para atacar de manera contundente a lo que supuso la guerra del Vietnam para la sociedad americana. Devastadora visión de los horrores y consecuencias de una guerra.

Llegado 1979 consigue su última gran obra. Bienvenido Mr. Chance es un cierre a toda esta etapa de los setenta. Protagonizada por un inmenso y contenido Peter Sellers que interpreta a un personaje sin muchas luces a quien sin embargo la suerte no abandona en ningún momento, su vida trancurrirá a lo largo de divertidos malentendidos que le llevarán a saborear de manera casi esperpéntica el éxito absoluto sin dejar en ningún momento de ser él mismo. Por primera vez un personaje de Ashby es aceptado dentro de las normas sociales, es más son ellas las que se van adaptando a él. Es el gran final de Ashby a esta década, su retorno a la sátira riéndose de varios de nuestros principios, burlándose de forma constante de algunos de nuestros tótems sociales como lo son el dinero, la televisión o la política.

La siguiente década, comenzada con Second-Hand Harts (1981), le depararía mucha menos gloria. Filmó la gira americana de los Rolling Stones en Let’s spend the night together (1982), la comedia Lookin’ to get out, protagonizada y escrita por Jon Voight, otra comedia menor titulada The Slugger’s Wife (1985) y Ocho millones de maneras de morir (1985), su último largometraje cinematográfico que tampoco estaba a la altura de sus películas de los 70.

Sus continuos excesos: esnifaba pasta de coca, coqueteaba con la heroína y llegaba al estudio en Mercedes, descalzo y con el cuerpo envuelto en una toalla, lo convirtieron en un cadáver prematuro. Murió en 1988 a los 59 años, víctima de un cáncer de hígado y paranoico perdido; llevaba las latas de sus últimas películas en el maletero del coche para que los productores no le arrebataran el montaje.


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